
Una semana después, las heridas que abrió #Melissa en su doble paso por #Cuba, nos siguen desafiando. Los días pasan lentos para quienes esperan por la energía eléctrica, el agua, los alimentos, los materiales imprescindibles para recuperar lo que se llevó el ciclón.
A todos les reiteramos que nadie quedará abandonado a su suerte. La #Revolución está viva y mientras ella viva, sus hijos estarán a salvo.
Lo que hemos visto en estos días de recorrido por las zonas más golpeadas es doblemente impresionante: por la destrucción sí, pero también por la nobleza recia de este pueblo invencible. Algunos dirán que está en el ADN del cubano, resistente como nuestras palmas, que se pueden doblar, perder el penacho o el verde intenso de sus hojas, pero permanecen en pie frente a los peores vientos.
Es cierto, pero hay algo más poderoso: la unidad de la nación frente a los peligros y la obra humanista de la Revolución. Es admirable la reacción de todo el que se siente cubano, cuando se le convoca a apoyar a los que todo lo han perdido.
Y finalmente, quiero volver a la matriz del odio sobre el estado fallido. Lo que desconocen los odiadores es que cuando se emplea esa frase en el intento de desacreditar a la Revolución, se olvida que en Cuba el estado somos todos: son los que integran este Consejo de Defensa Nacional, los consejos de defensa provinciales y municipales y hasta los consejos populares, los líderes de barrio, como aquellos dos compañeros que cruzaron nadando el río crecido en los Reynaldo, para explicarnos la situación de su comunidad, pero no pidiendo, sino proponiendo soluciones prácticas, a la mano.
El tejido social creado por la Revolución en cuadras, barrios, comunidades urbanas y rurales, es más poderoso que un estado común. El poder del pueblo, ese sí es poder. En estos días hemos visto esa consigna convertida en hechos.
Lo que hemos visto en estos días nos recuerda lo que nos dijo Fidel en días tan difíciles como éstos en 1991: «mientras haya un revolucionario y haya un arma con qué defenderla… cada hombre, cada revolucionario debe decir: Yo soy el ejército, yo soy la patria, yo soy la Revolución».
A todos los que han entendido y asumido ese legado desafiante, #GRACIAS. Con ese ímpetu viviremos y venceremos.





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